domingo, 25 de agosto de 2019

Los ciegos y el elefante... la interpolación de datos es segura, pero la extrapolación no lo es.

Hacer deducciones con una cantidad limitada de datos es una práctica peligrosa. Cuando se trabaja con datos, es importante comprender el contexto en el que se encuentran. La famosa parábola de John Godfrey Saxe (poeta estadounidense del siglo XIX) denominada "Los ciegos y el elefante" ofrece una perspectiva reveladora sobre los datos.

Muchas veces, resulta útil contar con varias perspectivas para comprender completamente los datos.

Generalmente, la interpolación de datos es segura, pero la extrapolación no lo es.


Los ciegos y el elefante - John Godfrey Saxe

Seis eran los hombres de Indostán
tan dispuestos a aprender,
que al elefante fueron a ver
aunque todos eran ciegos,
pensando que mediante la observación
su mente podrían satisfacer.

El primero se acercó al elefante
y cayéndose
sobre su ancho y robusto costado,
enseguida comenzó a gritar:
"“¡Santo Dios! ¡El elefante
es muy parecido a una pared!”."

El segundo, palpando el colmillo,
exclamó: "“¡Caramba! ¿Qué es esto
tan redondo, liso y afilado?
Para mí está muy claro,
¡Esta maravilla de elefante
es muy parecido a una lanza!”."

El tercero se acercó al animal,
y tomando entre sus manos
la retorcida trompa,
valientemente exclamó:
"“Ya veo”," dijo él. "“¡El elefante
es muy parecido a una serpiente!”."

El cuarto extendió ansiosamente la mano
y lo palpó alrededor de la rodilla.
"“Evidentemente, a lo que más se parece esta bestia
está muy claro”," dijo él.
"“Es lo suficientemente claro que el elefante
¡es muy parecido a un árbol!”."

El quinto, quien por casualidad tocó la oreja,
dijo: "“Incluso el hombre más ciego
es capaz de decir a lo que más se parece esto.
Niegue la realidad el que pueda,
esta maravilla de elefante
¡es muy parecido a un abanico!”."

El sexto tan pronto comenzó
a tantear al animal,
agarró la oscilante cola
que frente a él se encontraba.
"“Ya veo”," dijo él. "“¡El elefante
es muy parecido a una cuerda!”."

Y así estos hombres de Indostán
discutieron largo y tendido,
cada uno aferrados a su propia opinión
por demás firme e inflexible,
aunque cada uno en parte tenía razón,
¡y al mismo tiempo todos estaban equivocados!

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